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Trastornos hepatobiliares
:: Cirrosis
Son trastornos que afectan a la vesícula biliar, conductos biliares, hígado y páncreas.
Vamos a desarrollar las enfermedades más frecuentes:
En la cirrosis, el tejido sano del hígado es reemplazado por un tejido fibroso que bloquea el flujo de sangre a través del órgano e impide que trabaje como debería. Se puede producir cirrosis hepática por diversas causas, entre ellas están el alcoholismo, hepatitis C crónica, hepatitis B y D crónicas, enfermedades hereditarias, enfermedades autoinmunes (debido a toxinas, infecciones, medicamentos, por taponamiento de los conductos biliares, etc.).
Muchas personas no presentan síntomas al principio de la enfermedad. Sin embargo, a medida que el tejido fibroso reemplaza las células sanas, la función del hígado comienza a fallar y la persona puede tener los siguientes síntomas:
- Agotamiento.
- Fatiga.
- Falta de apetito.
- Náuseas.
- Debilidad.
- Pérdida de peso
- Dolor abdominal
- Vasos sanguíneos en forma de araña (angioma de araña) que se desarrollan en la piel
En algunas personas éstos podrían ser los primeros signos de la enfermedad. Pero a medida que avanza la enfermedad pueden presentarse complicaciones.
El daño que produce la cirrosis en el hígado no se puede revertir, pero el tratamiento puede detener o retrasar el avance de la enfermedad y reducir las complicaciones.
El tratamiento depende de la causa de la cirrosis y de las complicaciones que tenga la persona.
Las infecciones se tratan con antibióticos, se debe suspender el consumo de alcohol y los medicamentos causantes de la hepatitis: En ocasiones se puede tratar al paciente con interferon-alfa.
Requerimientos nutricionales en cirrosis
Los pacientes con cirrosis hepática constituyen uno de los colectivos con mayor prevalencia de deterioro nutricional, especialmente cuando la enfermedad se ha descompensado. Es un factor limitante de la supervivencia del paciente. La correcta nutrición de estos enfermos es tan importante como el tratamiento farmacológico.
Las funciones metabólicas del hígado son vitales para mantener un equilibrio nutricional en el organismo, de ahí que cualquier alteración que dañe su integridad como órgano provoca un desequilibrio en los nutrientes.
El hígado es el responsable de aproximadamente el 25% del metabolismo basal del organismo, por lo tanto, con insuficiencia hepática el metabolismo de las grasas, los carbohidratos y las proteínas, el almacenamiento y la activación de las vitaminas y los minerales, la formación y la excreción de la bilis, entre otras tan importantes funciones, se van a ver alterados.
Energía
Las necesidades energéticas de este tipo de pacientes son muy variables, ya que cada persona tiene unos requerimientos específicos según su grado de lesión y situación.
La malnutrición calórico-proteica es considerada como la complicación mas frecuente de esta enfermedad
En general existe un aumento de los requerimientos energéticos. En la práctica, las necesidades energéticas giran en torno a las 25-30 Kcal./kg de peso ideal, Y se incrementa a 35-45 Kcal./kg de peso infección cuando hay infección, el peso está comprometido y la absorción es deficiente, controlando la recuperación de peso para evitar una sobrealimentación.
Proteínas
El aporte de proteínas debe estar ajustado al peso del paciente y el grado de daño en el hígado.
La depleción proteica tiene consecuencias negativas tanto sobre el propio hígado (lo que puede empeorar aún más la función hepática de estos enfermos) como sobre el intestino. Este último efecto podría dar como resultado: una disminución de la absorción de nutrientes que contribuiría a la desnutrición y un deterioro de la función de barrera intestinal que favorecería la traslocación bacteriana y facilitaría el desarrollo de infecciones de origen entérico (v. gr. bacteriemias, sepsis, peritonitis bacteriana espontánea).
Las necesidades proteicas son normo o hiperproteicas, alrededor del 20% de la dieta, tanto proteínas animales como vegetales. La administración de proteínas en la dieta es considerablemente eficaz en los pacientes cirróticos porque contribuye a un incremento en la síntesis de nuevas proteínas.
Carbohidratos
Puede ser que el metabolismo de los carbohidratos esté alterado y que los pacientes experimenten hipoglucemia en ayuno debido al desarrollo de resistencias a la insulina y a una disminución de los depósitos de glucógeno. Se recomienda que la dieta sea rica en carbohidratos complejos (300-400 g/día entre cereales, pastas, patata, etc.) y que se aumente la frecuencia entre las comidas para que no existan ayunos de más de 6 horas, donde la glucosa disminuya y se produzca la hipoglucemia.
Las reservas de glucógeno están disminuidas ya que se utiliza el nitrógeno muscular para la gluconeogénesis y otras necesidades calóricas. Esto probablemente sea la causa del agotamiento muscular de estos pacientes.
Grasas
En general se recomienda que el 30-35% (+/-5) de las calorías totales de la dieta se aporten a través de los lípidos, que deben incluir una mayor proporción de grasas insaturadas (aceites vegetales y de pescado). Se debe vigilar un aporte adecuado de ácidos grasos esenciales y si el paciente tiene esteatorrea (heces grasosas) se recomienda aportar triglicéridos de cadena media, para que haya una proporción de 50/50 de ácidos de cadena media y larga.
Si se produce una pérdida importante de grasas en las heces, se realizará una prueba con una dieta baja en grasa, pero si la diarrea continúa se suspenderá la restricción de grasas para no comprometer el consumo calórico adecuado.
Vitaminas y minerales
Los pacientes con enfermedades hepáticas tienen unas necesidades de vitamínicas y de minerales especiales. Esta enfermedad provoca que el paciente carezca de algunos minerales, como por ejemplo el calcio y el zinc, mientras que es necesario administrar con cuidado el hierro, la vitamina A y la vitamina B3. Por esta razón existen suplementos específicos.
Agua
Es común la retención de líquidos y la ascitis (acumulación de líquidos en la cavidad peritoneal), aunque puede existir una hiponatremia por dilución que, por lo general, representa una sobrecarga de agua en exceso de la retención de sodio.
La ingesta de líquido se restringe a 1-1,5 litros/día, lo que depende de la gravedad del edema y de la ascitis. El sodio suele restringirse a un máximo de 2 g/día.
Otras recomendaciones
El consumo de alcohol produce un grave desequilibrio en el metabolismo de las grasas, lo que genera un hígado graso (esteatosis hepática). Para evitarlo es necesario un abandono total del alcohol, suprimir el consumo de comidas preparadas y de excesiva cafeína y fomentar la ingesta de frutas y hortalizas.
Última actualización: 26/12/2011

