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Trastornos gastrointestinales

:: Enfermedad inflamatoria intestinal (E.I.I.)

Las enfermedades inflamatorias del intestino surgen por causas desconocidas, pero intervienen la predisposición genética, los factores ambientales e infecciosos. Con la inflamación, aumenta la secreción en el colon de moco, produciendo una absorción deficiente y un mayor contenido fecal. La mayoría de los pacientes con enfermedades inflamatorias intestinales tienen bajo peso y en los niños se produce retardo del crecimiento. Así, esta enfermedad se asocia especialmente a un elevado riesgo de malnutrición.

Las enfermedades inflamatorias intestinales más conocidas son:

Enfermedad de Crohn: Enfermedad inflamatoria, crónica que afecta a cualquier parte del intestino, desde la boca hasta el ano, aunque en la mayoría de los casos se encuentra comprometido principalmente el intestino delgado y luego el colon.

Colitis Ulcerosa: Enfermedad inflamatoria de la mucosa que afecta sólo al colon.

La enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, comparten algunas manifestaciones clínicas como la intolerancia a los alimentos, diarrea, fiebre, pérdida de peso, desnutrición, deficiencia de crecimiento y manifestaciones en la piel.

La dieta y la nutrición desempeñan un papel importante en el tratamiento de los síntomas de las enfermedades inflamatorias del intestino.

El apoyo nutricional oportuno (oral, enteral o parenteral, si es necesario) es un componente vital del tratamiento para restablecer y mantener la salud nutricional. La desnutrición en sí compromete la función digestiva, la absorción e incrementa la permeabilidad del tubo digestivo hacia agentes infecciosos.

Debido a las pérdidas por diarrea, a la disminución de la ingesta y a los problemas en la absorción de nutrientes, es muy alto en estos pacientes el riesgo de desnutrición. En algunos casos sus requerimientos energéticos pueden incrementarse hasta un 50% respecto a individuos sanos de igual edad y actividad. Las deficiencias más frecuentes son: carencia de proteínas, vitaminas A, E, B1, B2, B6, ácido fólico, Niacina y Cinc.

Recomendaciones nutricionales

  • Aumentar el consumo de alimentos ricos en proteínas y de fácil digestión como la clara del huevo, el pescado, el ave, los quesos, los cereales y las legumbres.
  • Adecuar la dieta a las necesidades individuales durante la etapa aguda de la enfermedad. Por ejemplo, una dieta de mínimo residuo, sin fibra, es eficaz para reducir la diarrea; en tanto que otra que limite los alimentos duros difíciles de tragar puede utilizarse para evitar síntomas de obstrucción.
  • Consumir refrigerios pequeños y más frecuentes, ya que son mejor tolerados que las comidas muy abundantes.
  • Si existen problemas en la absorción de grasas, los suplementos con ácidos grasos de cadena media son útiles para añadir calorías y transportar las vitaminas liposolubles (vitaminas K, E, D y A).
  • Incrementar el consumo de Omega 3, durante los procesos inflamatorios, a través de un mayor consumo de pescado azul como el salmón, el atún, el bonito, la caballa, etc. o bien a través de alimentos o suplementos con omega 3
  • Eliminar los alimentos que no toleren o que sean posibles alergenos para el tubo digestivo, según su propia experiencia.
  • No es necesario que se dejen de tomar los lácteos para siempre. Sólo se evitarán si producen intolerancia, es importante recordar que los lácteos son la principal fuente de calcio de nuestra dieta.
  • En caso de malnutrición, se valorará la supleme

Última actualización: 15/09/2014

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