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enfermedades cardiovasculares
:: Requerimientos nutricionales
Energía:
Se consumirán las calorías adecuadas para mantener o alcanzar un peso ideal, definido entre el paciente y el profesional de salud como un peso alcanzable y sostenible tanto a corto como a largo plazo. De lo contrario, si se produce un consumo excesivo de calorías, ésta conduce al desarrollo de sobrepeso u obesidad aumentando el riesgo cardiovascular.
Proteínas:
Las proteínas intervienen en el crecimiento y la construcción de tejidos, y forman parte de la estructura celular de nuestro cuerpo, por lo que es imprescindible su recambio.
Como en la dieta normal, el consumo de proteínas debe representar entre el 15-20% del total de las calorías diarias. El tipo específico de proteínas tiene poca influencia sobre los factores de riesgo cardiovascular, sin embargo, es importante variar el consumo entre fuentes de proteínas animales y vegetales, principalmente porque las fuentes animales muy comúnmente son también ricas en grasas saturadas.
Las proteínas de origen animal se encuentran en las carnes rojas, las aves, los pescados, la leche, los quesos, la clara de huevo, etc. Es importante elegir estos alimentos siempre magros o bajos en grasas. Las proteínas de origen vegetal están en las legumbres, en la soja, en los cereales, etc. es importante incrementar su consumo.
Carbohidratos:
La fuente principal de carbohidratos en la dieta es el consumo de cereales, legumbres, verduras y frutas
En la enfermedad cardiovascular, se recomienda la utilización de carbohidratos en forma de almidones, como los cereales, legumbres, pastas, arroz, patata, vegetales, por la riqueza de los mismos en fibra, vitaminas y minerales. Además, cuando sustituyen a la grasa total, los carbohidratos complejos tienen efectos beneficiosos sobre el perfil lipídico y el metabolismo de la glucosa; mientras que los carbohidratos simples o azúcares (los dulces, los refrescos, la miel, la mermelada, los pasteles), inducen a la síntesis de triglicéridos e hiperinsulinismo en personas predispuestas.
La fibra dietética también parece influir favorablemente sobre la presión arterial y el perfil lipídico. La AHA (American Heart Association) recomienda un consumo de 25 a 30 gramos de fibra total al día, entre frutas con cáscara, vegetales, cereales integrales, legumbres y soja.
Lípidos:
Son los nutrientes que más energía suministran al organismo (9 Cal/gr) y se necesitan para favorecer a un crecimiento adecuado. Sin embargo son, en exceso, un factor de riesgo determinante en las enfermedades cardiovasculares, al contribuir al aumento de peso y al incremento de los niveles de colesterol y triglicéridos en sangre. Según la AHA, es importante controlar que la ingesta total de grasas en un día no supere el 30% del total de la energía diaria.
Se debe restringir el consumo de alimentos ricos en grasas saturadas o colesterol (carnes grasas, caldos, grasa de la leche o lácteos, nata, mantequilla, embutidos, yema de huevo, productos industrializados, etc) Consumir estas grasas en exceso pueden incrementar los niveles de colesterol o triglicéridos en sangre. La AHA recomienda que estas grasas no superen el 10% del total de calorías de la dieta. Aunque en enfermos cardiovasculares este porcentaje se reduce a no más del 7%.
Remplazar los ácidos grasos saturados por ácidos grasos poliinsaturados PUFA (omega 3 y omega 6), ya que una dieta baja en grasa reduce los niveles de colesterol LDL y HDL (High Density Lipids). Los ácidos grasos poliinsaturados se clasifican en omega-6 y omega-3. El principal ácido graso omega-6 es el ácido linoleico, que abunda en los aceites vegetales (maíz, girasol, soja, etc.). Los ácidos grasos omega-3 se encuentran principalmente en los pescados azules, el marisco, las nueces y en algunos aceites vegetales como el de soja que destacan por ser antiagregantes plaquetarios, antiarrítmicos, vasodilatadores e inhibidores de la síntesis de triglicéridos, es decir son factores beneficiosos por excelencia del sistema cardiovascular. Actualmente existe unanimidad en recomendar un consumo en torno al 7-10% del aporte calórico global.
El porcentaje restante se debe incorporar a través de alimentos fuentes de ácidos grasos monoinsaturados MUFA, como el aceite de oliva, el aguacate, las aceitunas, los cacahuetes y las nueces. Mención especial merece la grasa monoinsaturada como posible nutriente protector de la ateroesclerosis. Aunque su efecto sobre la colesterolemia es similar al de la grasa poliinsaturada, existen datos epídemiológicos que sugieren un efecto beneficioso.
La ingesta de colesterol debe ser menor a 300 ml/día. Así mismo, en algunos individuos con valores de colesterol LDL de 100 ml o más, es beneficioso ingerir menos del 7 % de grasas saturadas y menos de 200 ml de colesterol sobre el total de calorías diarias.
Vitaminas y minerales:
No hay modificaciones en las recomendaciones a causa de la enfermedad cardiovascular, sin embargo se conoce que los antioxidantes, como la vitamina E, la vitamina C, los flavonoides y carotenoides, se asocian a una menor incidencia de enfermedad cardiovascular.
También se recomienda incrementar el consumo de alimentos ricos en ácido fólico, como los vegetales de hojas verdes y los cereales integrales por sus efectos beneficiosos en la prevención cardiovascular.
Se identifica como fuente principal de estos nutrientes al grupo de las frutas y los vegetales. Los minerales se encuentran también de manera importante en la carne y la leche. Si la alimentación es completa y equilibrada, habitualmente no se requiere una suplementación de los mismos.
Sal:
El paciente con enfermedad cardiovascular debe cumplir una dieta baja en sodio. En situaciones de prevención se recomienda un consumo como máximo de 6 gr/día de cloruro de sodio, como tratamiento al control de la hipertensión arterial y a la aparición de edemas de diferentes orígenes.
De acuerdo al tipo de restricción sódica que se necesite y a la situación del paciente, la dieta se puede clasificar en:
- Dieta Hiposódica amplia: Contiene entre 920 y 2.070 mg de sodio/día.
- Dieta Hiposódica moderada: Contiene entre 506 y 920 mg de sodio/día.
- Dieta Hiposódica estricta: No más de los 506 mg de sodio/día.
Para iniciar una dieta baja en sal, es necesario saber que el sodio que consumimos en la alimentación proviene de:
- La sal que añadimos en la cocina o en la mesa.
- La sal utilizada para preparar o conservar los alimentos.
- El sodio que contienen los alimentos de manera natural o por su elaboración. Se debe evitar el consumo de alimentos ricos en sal como: las carnes y pescados ahumados, pescados y mariscos congelados, caldos y extractos de carne, quesos maduros, frutos secos, postres comerciales, aderezos, cualquier alimento enlatado o procesado que utilice la sal como conservador.
- El sodio que contienen las aguas carbonatadas en forma de cloruro sódico, bicarbonato de sodio, sodio, etc.
Como norma general para cumplir una dieta baja en sal:
- No se debe añadir sal en las preparaciones de los alimentos.
- Use alimentos elaborados o conservados sólo si indica sin sal.
- Utilice alimentos frescos y naturales.
- Para sustituir la sal condimente con hierbas aromáticas y especias: tomillo, orégano, ajo, romero, canela, pimienta, comino, mostaza, etc.
- Evite las aguas minerales carbonatadas.
- Controle su peso.
- Limite la cantidad y la frecuencia del consumo de los alimentos que contienen una cantidad moderada de sal.
- Conseguir y mantener un perfil lipídico adecuado. Que los niveles de colesterol y triglicéridos en la sangre sean óptimos, para disminuir la prevalencia de enfermedades vasculares.
- Conseguir y mantener la presión arterial dentro de los límites normales. Para disminuir el riesgo de enfermedades vasculares es vital el control de la presión arterial. Se buscará llegar a una presión menor a 130/85 mmHg. Prácticas que contribuyen a este objetivo son la reducción de peso y la disminución de sal y alcohol en la dieta.
- Mantener un peso adecuado. Se deben buscar comportamientos o hábitos favorecedores como la reducción de peso, la práctica habitual de ejercicio y una dieta baja en grasa, colesterol, sal y limitada en alcohol. El grado de obesidad se relaciona directamente con el riesgo de enfermedades cardiovasculares y otras patologías asociada.
Última actualización: 03/04/2012

