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nutriciÓn en la 3ª edad
:: El envejecimiento
Se dice que envejecer es una condición más de actitud, que física. Pero, lo cierto es que son muy pocas las personas que llegan a una edad avanzada sin tener algún tipo de deterioro estructural y/o funcional. Envejecemos de manera variable, con diferente rapidez, influenciados por causas hereditarias o bien por las condiciones del entorno en que vivimos, la manera de vivir, la calidad y la cantidad de alimentos que ingerimos, el ejercicio que realizamos, etc. De esta manera los buenos hábitos alimenticios y una vida saludable influirán, en la mayoría de los casos, en mejorar de manera notable, la calidad de vida del anciano.
El envejecimiento se caracteriza por una pérdida progresiva de la masa muscular y alteraciones o menor eficiencia en la función de los órganos. Es muy frecuente que, con la edad, aparezcan ciertas dolencias físicas o problemas funcionales, como la diabetes, la hipertensión, la obesidad, las enfermedades en los huesos y las cardiovasculares.
A esos factores deben añadirse otras situaciones sociales o ambientales, que influyen psíquicamente en el estado de ánimo del anciano, causando tristeza, desgano y hasta depresión, debido a la pérdida de familiares o seres queridos, o la sensación de aislamientos por su imposibilidad de adaptarse a sus nuevas limitaciones.
Para una mejor identificación de este colectivo, se clasifica a la tercera edad acorde a la edad biológica.
- Viejos jóvenes: De 65 a 74 años
- Ancianos: De 75 a 84 años
- Ancianos más viejos: De 85 años o más
Cambios físicos:
Aunque nadie envejezca de la misma manera y sean considerables las variaciones de un sujeto a otro, la apariencia física varía con la vejez y progresivamente comenzamos a observar una serie de cambios.
- Pérdida de flexibilidad en la piel. Ésta se vuelve más delgada, más seca y aparecen arrugas. Cambian las fibras elásticas y el colágeno. Disminuye el número de células que contienen pigmentos, pero aumentan en tamaño produciendo las conocidas "manchas de la vejez"
- Falta de piezas dentarias. La pérdida de piezas dentarias y la utilización de prótesis suelen ocasionar una disminución en el consumo de carnes, frutas y otros alimentos difíciles de masticar.
- Aparición de calvicie, encanecimiento, debilidad del cabello, vellosidades, etc.
- Disminución de la estatura. La talla comienza a disminuir entre los 30 y 40 años progresivamente. Los huesos se vuelven más porosos (osteoporosis) y se acentúa la curva natural de la columna vertebral.
- Cambios notables en la composición corporal: Debido a la reducción de la actividad física y las modificaciones en la síntesis de algunas hormonas, el tejido muscular (tejido sin grasa) disminuye y el porcentaje de grasa corporal aumenta.
- Además, un aumento en la grasa corporal, que se manifiesta como obesidad abdominal, conlleva más riesgo de enfermedades crónicas graves.
Cambios funcionales:
Con frecuencia, las personas mayores van perdiendo capacidades físicas. Lo importante es valorar en que medida esta pérdida afectará al desarrollo de su vida cotidiana y a su independencia.
- Disminución de la vista. La córnea tiende a perder elasticidad y los ancianos tienen menor agudeza visual.
- Pérdida en la motricidad. Los ancianos manifiestan una disminución de la agilidad, destreza y pérdida de reflejos. Tienen menos movilidad porque la visión y la fuerza muscular se reducen aunque en algunos casos, la causa se debe a la pérdida de masa ósea y la osteoporosis.
- Disminución de los sentidos del gusto y el olfato. Además del envejecimiento natural de las células, hay otras causas importantes que aceleran esta afectación sensorial, como son: el uso de medicamentos, las intervenciones quirúrgicas, la radioterapia, la exposición continuada a ruidos intensos y algunas enfermedades como el Alzheimer. Pero uno de los mayores inconvenientes es que una menor estimulación del gusto y del olfato, genera cambios metabólicos y reduce el placer de comer.
- Alteraciones en el sueño. El sueño suele ser más corto, superficial y fragmentado.
- Pérdida de salud bucal. Más del 70% de la población con edad avanzada sufren una sensación subjetiva de sequedad en la boca, producida por segregar poca saliva. Esta alteración se conoce con el nombre de xerostomía, y altera en un importante grado el consumo de alimentos. Es difícil masticar y deglutir, por lo que deben evitar los alimentos secos, crujientes o pegajosos. Por otra parte, también puede manifestarse pérdida y atrofia de las papilas gustativas, disminución de la fuerza de los músculos de la boca que nos permiten masticar, sumado en algunos casos, a la pérdida de piezas dentarias, ya mencionada.
Cambios en la función gastrointestinal:
Por lo general, a mayor edad se observa una paulatina disminución de la cantidad y calidad de secreciones digestivas (saliva, jugos gástricos y pancreáticos). Sin embargo no parece que exista un deterioro significativo en la capacidad para digerir la mayoría de los alimentos. Aunque en algunos casos, puede verse afectada la absorción de nutrientes como el calcio, hierro, la lactosa y vitamina B12.
La incapacidad o menor secreción de ácido gástrico (gastritis atrófica) es causa de una absorción deficiente de nutrientes, como por ejemplo; el calcio y la vitamina B12. Un síntoma de envejecimiento es la menor tolerancia a la lactasa. En estos casos es importante hacer hincapié en el consumo de lácteos bajos en lactosa. Por otro lado, también puede afectarse el metabolismo del calcio y la vitamina D. Y ambos son factores de riesgo para la osteoporosis.
El estreñimiento aumenta en los ancianos. Puede deberse al escaso consumo de líquidos, inadecuado consumo de fibra y a una vida sedentaria. No obstante, el estreñimiento puede corregirse cambiando estos hábitos.
Cambios en la función metabólica:
El proceso de envejecimiento se relaciona con una menor capacidad del organismo para cumplir algunas funciones metabólicas, como la utilización de la glucosa. Las concentraciones plasmáticas de glucosa aumentan en 1,5 mg/dl por cada decenio, lo que puede explicar el aumento de la incidencia de diabetes tipo 2 en personas mayores.
Cambios en la función cardiovascular:
Durante el proceso de envejecimiento, los vasos sanguíneos se vuelven menos elásticos y aumenta la resistencia periférica total, lo que acarrea un mayor riesgo y frecuencia de hipertensión.
La lesión más representativa en el anciano es la cardiopatía isquémica, que supone el estrechamiento de los vasos debido principalmente al depósito de lípidos en las arterias. Estos lípidos se depositan en los vasos sanguíneos y llevan en una primera etapa, a la aterosclerosis, y consecuentemente a una insuficiencia coronaria.
Cambios en el sistema urinario:
Entre los 30 y los 80 años de edad, se reduce paulatinamente, la función renal hasta alcanzar una pérdida de hasta el 60%.
Debido a esta reducción de la función renal, aumentan las sustancias de desecho en el riñón y son más frecuentes las infecciones del tracto urinario.
Debido a los trastornos crónicos, a una disminución en el flujo sanguíneo, y a la reducción del tamaño del riñón; los síntomas de incontinencia, obstrucción prostática y retención de la orina son cada vez más frecuentes en personas de edad avanzada. Se orina con mayor frecuencia pero en menores cantidades, lo que puede perturbar el sueño continuado.
Cambios en el sistema respiratorio:
A medida que la persona envejece, la caja torácica se vuelve cada vez más rígida, las fibras musculares disminuyen y se hacen cada vez más pequeñas, ocasionando una menor expansión de la pared torácica, por lo que llenamos menos los pulmones en cada inspiración.
Cambios neuro-psicológicos:
A medida que aumenta la edad existe una cierta relación con la mayor frecuencia de alteraciones mentales, entre las que destacamos la depresión y la disminución de las funciones mentales superiores. De todas maneras, la situación psicológica del anciano depende en gran medida de su bienestar, sus funciones sociales y su relación con el entorno físico.
La depresión no suele acompañar al anciano si sus condiciones de vida son adecuadas y está en compañía, aunque puede surgir como síntoma o respuesta de una enfermedad, como es en el caso de la enfermedad de Parkinson, la aparición de tumores, o bien ante el diagnóstico de enfermedades crónicas o la pérdida de algún órgano.
También, se produce una disminución de todos los procesos cognitivos, que abarcan desde la simple ubicación en el tiempo, lugar y espacio, hasta el pensamiento abstracto y la resolución de problemas. La deficiencia acumulada de estos procesos conduce a la demencia senil.
Cambios psíquico-sociales:
Se debe prestar especial atención a los cambios en las actividades cotidianas que sufren las personas mayores, sobre todo a las relacionadas con la adquisición de alimentos, con la preparación para su consumo, y con la compañía que tenga en el momento de la comida. Dado que estas se dificultan ante la sensación de soledad, la pérdida de independencia, la inmovilidad y la falta de recursos económicos.
Los ancianos pueden entrar en depresión ante una incapacidad para realizar tareas, la pérdida de amigos o parientes, la sensación de no productividad, el aislamiento social, las preocupaciones económicas o una baja en la función cognitiva. Hay que considerar que la depresión afecta al apetito, la digestión, el nivel de energía, el peso y la sensación de bienestar de las personas mayores.
Última actualización: 26/12/2011

